Democracia e integridad electoral en Chile

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10
Mar 2026

Por Pamela Figueroa, Presidenta Consejo Directivo, Servicio Electoral de Chile

Mañana, 11 de marzo, asumirá un nuevo gobierno encabezado por el Presidente José Antonio Kast y se iniciará el LVI (56°) período legislativo del Congreso Nacional (2026-2030). Este traspaso de mando es el resultado de un proceso electoral que dota de legitimidad democrática a las nuevas autoridades y que confirma, una vez más, la capacidad institucional de Chile para resolver la competencia por el poder político mediante reglas compartidas y procedimientos confiables.

En un contexto internacional en que las democracias enfrentan presiones crecientes —desde la polarización política hasta la desinformación—, los altos niveles de integridad electoral que caracterizan al sistema chileno constituyen un activo institucional que debe ser motivo tanto de orgullo como de responsabilidad colectiva.

En Chile, el sistema electoral se sustenta en una legislación robusta y en instituciones con una extensa trayectoria histórica. El Servicio Electoral de Chile cumplió el 17 de marzo de 2025 cien años de existencia como continuador del Registro Electoral creado en 1925. A su vez, el Tribunal Calificador de Elecciones fue establecido en el mismo período como órgano jurisdiccional encargado de garantizar la legalidad y transparencia de los resultados electorales.

Desde comienzos del siglo XX, Chile incorporó las elecciones como mecanismo central de resolución pacífica de las controversias políticas. Tras el retorno a la democracia en 1990, esta arquitectura institucional ha continuado adaptándose a nuevos desafíos. Entre 2014 y 2016 se impulsó una profunda reforma política que transformó el sistema electoral y el régimen de financiamiento de la política, estableciendo las bases del sistema vigente.

Un elemento clave de ese proceso fue la autonomía constitucional otorgada al Servicio Electoral mediante la ley 20.860, promulgada en octubre de 2015. Esta reforma fortaleció la independencia del Servel, ampliando sus facultades de fiscalización sobre el financiamiento político y consolidando su carácter técnico e imparcial. A una década de su implementación, la experiencia confirma la importancia de contar con un órgano autónomo que resguarde la integridad del proceso electoral.

La reinstalación del voto obligatorio en 2023 y la incorporación de innovaciones procedimentales —como la georreferenciación de los locales de votación en función del domicilio electoral— tuvieron como objetivo facilitar la participación ciudadana.

Los efectos han sido significativos. En pocos años, la participación electoral pasó de niveles cercanos al 50% a cifras que superan el 85%. Asimismo, el padrón electoral prácticamente se duplicó en pocos años, pasando de cerca de siete millones en 2021 a más de quince millones en la elección pasada. Este crecimiento no sólo refleja un aumento cuantitativo, sino también la reincorporación de cientos de miles de personas que durante años permanecieron al margen de la participación electoral.

Sin embargo, la expansión de la desinformación y de contenidos digitales manipulados ha introducido nuevas tensiones para las campañas electorales, los medios de comunicación y las instituciones encargadas de garantizar elecciones transparentes.

Un fenómeno especialmente preocupante es la violencia política digital, que afecta de manera desproporcionada a mujeres candidatas y lideresas políticas. Para enfrentar este desafío, el Servicio Electoral ha impulsado iniciativas de monitoreo y cooperación institucional, entre ellas un sistema desarrollado junto al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. No obstante, la magnitud del problema exige continuar fortaleciendo las herramientas regulatorias, institucionales y culturales para resguardar un debate democrático libre de violencia.

La fortaleza de la democracia chilena no debe darse por sentada. La calidad de ella depende, en última instancia, del compromiso permanente de la ciudadanía, de la responsabilidad de los actores políticos y de la solidez de las instituciones encargadas de resguardar el proceso electoral.

En tiempos de incertidumbre democrática a nivel global, la experiencia chilena recuerda una verdad fundamental: la democracia no es sólo un sistema de gobierno, sino una práctica institucional que debe ser cuidada, fortalecida y renovada en cada proceso electoral. 

 

Nota: Columna originalmente publicada en La Tercera, martes 10 de marzo de 2026, https://www.latercera.com/opinion/noticia/democracia-e-integridad-electoral-en-chile/